ESTOY CONTIGO…


EL FINAL…
Abril 25, 2007, 3:41 am
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Después de una larga espera en la terminal del aeropuerto de Miami, el avión despega por fin. Miro la ciudad con las luces encendidas a través de la ventanilla mientras nos elevamos suavemente. Parece que surcamos la oscuridad de la noche en medio de miles de luciérnagas multiplicadas. Los destellos breves y cambiantes sobre las alas del avión calman mi ansiedad mientras nos internamos en la oscuridad del cielo. Reclino la cabeza y cierro los ojos, reteniendo durante unos instantes la imagen de mi cara en la ventanilla, mientras me arrulla el ruido regular de los motores.
Cuando abro los ojos, sin moverme, pienso que he debido quedarme dormido unos instantes…

Entonces, una intensa tristeza se apoderó de mí desgarrándome hasta el alma; mis ojos se llenaron de lagrimas, y mi corazón comenzó a tener una extraña sensación como si despertara algo que había estado dormido durante siglos

Qué terrible invasión de amargura me sostenía allí, con los ojos inundados en llanto, escuchando las ahogada voces muertas hace mucho tiempo atrás, el olor sutil y penetrante del perfume del tiempo; de cartas atesoradas, con los sobres arrugados con escritos amarillos y borrosos en un rincón guardadas; un mechón de cabellos negros de los primeros amores y las flores apretadas entre paginas de libros disipadas, mas delicadamente conservadas entre la olvidada fragancia de memorias perdidas.

El incienso del pasado me golpeaba sin piedad, mi corazón desgarrado contenía el grito dolorido mientras se rendía sin reserva a esas influencias del pasado que estaban escondidas entre el tumulto de memorias más recientes. Y me deje llevar susurrando también una canción que hace tiempo había olvidado, suspirando, navegando en un barco de velas amarillas en el mar de los recuerdos que me guiaron a través de la inmensa bruma de mi memoria. ¡Que dolor sin consuelo que desgarra y que muerde!

Es demasiado grande la tristeza como para soportarla, pues la mente se debilita y se entrega a un sueño dulce y profundo en poder de la memoria.

¡Ay de mí! Escuchaba la canción que se canto por interminables siglos a legiones de incontables oídos. Esa canción simple y profunda en su terrible monotonía monacal de los recuerdos, penas y alegrías. Es la canción de las cosas por siempre incompletas, irresueltas, descontentas. Como el viento entre los pinos y el mar en la rompiente; La memoria habla íntimamente con tal tristeza que pensé -escuchando y entendiendo - ¡Cuántas madres, padres, hermanos pueden entonces estar dormidos! Cuántos fieles amantes, cuántos amigos, ¡cuántos antiguos enemigos! Que un día se levantarán y me examinaran, y deberé enfrentarlos nuevamente, reclamarles, conocerlos, perdonarlos, y ser perdonado… los recuerdos de todo mi pasado…

Y de pronto mis sentidos me obligaron admitir que estaba muerto, enterrado con las manos cruzadas sobre el pecho, boca arriba y la negra oscuridad y el profundo silencio, constituían una evidencia imposible de contradecir.

¡Muerto! Muerto no… Quizás enfermo gravemente, o invalido o dormido por este silencio y paz.

En aquella oscura noche de verano, rasgada por frecuentes relámpagos que iluminaban las nubes que avanzaban cubiertas de tormenta, un relámpago zigzagueó en el aire, desgarrando la oscuridad, y casi inmediatamente estalló un fragoroso trueno En ese instante, tomé conciencia de un sentimiento que estremece mi corazón, y tengo miedo. La bruma comienza a disiparse, se hace visible la memoria, interminable, caminando incansable hacia el centro de las dudas buscando una explicación. Ya comienzo a recordar como un sueño dentro de otro, me aprisiona, me captura, tomando posesión de mi ser los susurrantes vientos entre los pinos… el susurro del río y la música de los álamos al inclinarse y suspirar en la dorada superficie de la arena. Hace miles de años, hace siglos de distancia.

Mas quien me ayudara a recordar, si todo se encuentra demasiado lejos, en una intensa bruma donde habita la eternidad, donde nada se ve, donde es el fin.

¡Pero, que tonto soy! Acaso este fuego intenso en mi corazón que envía la sangre turbulentamente por mis venas, y mi pulso latiendo locamente, como mi cuerpo y la piel resplandeciente no me están diciendo que ¡Estoy vivo! Si mis ojos se enternecen, y mis labios aun se estremecen con esta sensación de júbilo. Si mis brazos se encuentran extendidos abrazando al universo entero.

¡Pobre infeliz! No puedes darte cuenta que fue un sueño… instintivamente rezo una plegaria.

Aquellos breves y relampagueantes fulgores proyectaban una fantasmal claridad sobre los monumentos y lápidas del cementerio

El trabajo no resultaba difícil; la tierra ofrecía poca resistencia, y no tardó en quedarse amontonada a ambos lados. Bajar el ataúd requirió más esfuerzo.



¡¡¡ AMA DE CASA !!!
Abril 22, 2007, 4:29 am
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Había terminado las compras cuando pasó por delante de LA CASA DE LA MODA, y como nunca antes se paro delante de la elegante vidriera.
Entonces los vio, unos hermosos Zapatos, color beige, con un tacón de aguja, como los de Antes, modernos.
Suspiró y siguió caminando. Cuando
estaba por cruzar la calle se detuvo Por el semáforo, se quedó quieta con la mirada perdida preguntándose
¿Porqué no?

¿Por qué no se los podía comprar? Eran caros, pero no más que las zapatillas de su hijo mayor…que las corbatas de su esposo…que la computadora de su hija, (que todos usaban menos ella, porque nadie le pregunto ni se ofreció para enseñarle.)
Pero, pensó; con el dinero que valían pagaba la factura del teléfono, y las expensas…u otros gastos…
El ruido del transito la hizo reaccionar y volviendo sobre sus pasos se paro otra vez frente a la vidriera.
Suspiro hondo y entro…

Al abrir la puerta de su casa con las compras del día en una mano y los
Zapatos en la otra, no supo porqué, pero el silencio de la casa vacía la estremeció y un terror interior le lleno los ojos de lagrimas.
. Era sábado. Cada uno de sus hijos tenía un plan para salir,
Su marido había salido en busca de sus
amigos. Que según decía le ayudaban a despejar su mente de tanto trabajo.
Miró la hora, era tarde y tenía que hacer la comida. Dejó las bolsas con las compras en su sitio y fue a cambiarse de ropa.
Puso la caja de zapatos encima de la cama, la abrió, los sacó,
Los acarició y sintió el tacto suave y cálido. Se sintió feliz.
Al comprarse los zapatos y tenerlos entre sus manos acariciándolos.
Se dio cuenta de que estaba acariciando el único sueño que
Se había permitido en veinte años.
Y sintió el vacío más profundo y angustiante que podía resistir.
Una intensa punzada en el corazón le hizo desear la muerte en ese mismo instante.
No eran las ampollas ni los callos de sus manos,
No era el abandono que poco a poco se había apoderado de ella
Ni los útiles o herramientas lo que más le dolía. Era el silencio de
Esa casa, limpia, ordenada, con olor a lavanda, era ese vacío, que la hizo
Pensar en su soledad. En esos veinte años, lavando, guisando, comprando para los
Demás. Dejando escapar sus sueños de niña, ahogando sus fantasías.
Y sus lágrimas, las únicas que la acompañaban durante los últimos tiempos
La comida ya estaba preparada, la mesa puesta, el lavarropas encendido
Lavando la ropa de la familia. Plancho la camisa de su hijo para esa noche, ordeno las
Habitaciones. Se puso los zapato nuevos y salio.
Iba bajando las escaleras despacio, sin prisas, la gente pasaba a su lado con los rostros crispados
Era la hora de cenar y era obvio las ganas que tenían
de llegar cuanto antes a sus hogares. Ella, no.
Bajo los últimos peldaños y se dirigió con paso firme por el anden,
Llegó hasta el final del mismo y suspiró, ¡ya estaba allí! y ahora…lo más fácil. Había mucha
Gente pero nadie la miraba.
Y sintió la llamada, como tantas veces, era como si esos hierros tuvieran la fuerza
De un imán que la atrajesen, que la hicieran ir hasta ellos. Y así lo hizo, no se resistió y se tiró.
Y por primera por vez fue egoísta, y su último pensamiento fue

¡¡QUE LINDO ME QUEDAN MIS ZAPATOS NUEVOS!!

Cuando les dieron la noticia a su familia, todos negaron la
Hipótesis del suicido. Debió caerse decían, últimamente andaba distraída, pero tirarse, no,
¿Por qué?
Su marido tenía trabajo…sus hijos eran buenos estudiantes…
Ninguno era adicto a ninguna droga…no padecían ninguna
Enfermedad inconfesable…la casa donde vivían era suya…tenían un buen
Coche…nunca hubo broncas, ni peleas fuertes en su casa…su marido aún se acordaba del aniversario de boda… ¡No, no había razón alguna, fue un accidente nada mas!




AMANECER
Abril 22, 2007, 1:27 am
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Amanece. El sol irrumpe lentamente en el horizonte. El mar se desliza suavemente sobre la arena. Como buscando encontrar algún refugio para quedarse… La arena es mujer, le dice que lo esperara y el siempre vuelve. Dos figuras en la playa. El, un hombre fornido, de gran estatura. Ella una mujer joven, pero con mirada ancestral, rubia y de figura desafiante. De mirada con el color de los trigales. Él esta en pijama, de color azul. Había bajado hasta la playa. No podia dormir. Grandes preocupaciones le quitaban el sueno… Ella está elegantemente desnuda. Él se encuentra inseguro y titubeante. Ella es la seguridad inconsciente. Él está de espaldas al mar, de pie, con la cabeza gacha y las manos sobre el abdomen. Ella mira al mar, sentado en la arena, con las piernas recogidas y sus brazos rodeándolas. El viento sopla suavemente.
Ella: ¿Lo sientes?
Él: ¿Qué cosa?
Ella: El viento, tonto. Óyelo.
Él: Ya lo oigo… ¿y?
Ella: No, no… Lo estás escuchando. Óyelo.
Él: ¿Cuál es la diferencia?
Ella: Si lo escuchas significa que lo intentas comprender, y no se trata de eso.
Él: ¿Y de qué se trata entonces?
Ella: De sentirlo.
Él: ¿Y cómo he de sentirlo?
Ella: Oyéndolo.
Él: No lo entiendo.
Ella: Ya lo entenderás.
Él: Explícamelo tú.
Ella: No puedo.
Él: ¿Por qué?
Ella: Porque eso significaría que lo comprendo, y no se trata de eso.
Él: ¿Y de qué se trata entonces?
Ella: Ya te lo he dicho, de sentirlo.
Él: No lo entiendo.
Ella: Ya lo entenderás.
Él: ¿Cuándo?
Ella: Ojalá lo supiera.
Él: ¿Por qué dices eso?
Ella: No lo sé. Vino a mi mente.
Él: ¿Vino a tu mente?
Ella: Vino.
Él: ¿Desde muy lejos?
Ella: El sarcasmo no te sirve. Pero si, desde muy lejos…
Él: Vaya…
Él se da media vuelta y mira al mar. Ella continúa sentada, pero ahora apoya las manos detrás de su cuerpo, e inclina la cabeza hacia atrás.
Él: ¿Por qué estás desnuda?
Ella: Porque me siento cómoda.
Él: Pues yo no.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque estás desnuda.
Ella: Porque yo estoy cómoda te hace sentir incómodo.
Él: No, no es eso.
Ella: ¿Qué entonces?
Él: Estoy incómodo porque estás desnuda.
Ella: Bueno, pues continúa dándome la espalda, así no me ves.
Él: Da igual, sigo incómodo.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque sé que estás desnuda.
Ella: Siempre lo estoy.
Él: Eso no es verdad, te he visto muchas veces con ropa.
Ella: Pero estaba desnuda.
Él: Llevabas ropa.
Ella: Pero debajo de la ropa estaba desnuda.
Él: Ya, pero yo no lo veía.
Ella: Tampoco lo ves ahora.
Él: No es lo mismo.
Ella: Tienes razón.
Él: ¿Tengo razón?
Ella: Sí, cuando llevo ropa, puedes mirarme, aunque sepas que estoy desnuda. Cuando no llevo ropa, no puedes mirarme, y aun estoy desnuda. Es eso, ¿no?
Él: No lo sé.
Ella: Es lo que has dicho.
Él: Suena confuso.
Ella: Sí
Él se da la vuelta nuevamente y la mira. Ella se mantiene en la misma posición.
Él: Vaya, ahora estás más desnuda que antes.
Ella: ¿Se puede estar más desnuda que desnuda?
Él: Antes estaba acurrucada.
Ella: ¿Y?
Él: Y… y no se te veían los pechos.
Ella: Bien. ¿Y qué tal?
Él: Bonitos.
Ella: ¿Bonitos?
Él: Preciosos.
Ella: ¿Preciosos?
Él: Maravillosos.
Ella: Pues yo siempre había creído que eran pequeños.
Él: ¿Y aún así te sientes cómodo estando desnuda?
Ella: Sí.
Él: No lo entiendo.
Ella: No tienes por qué entenderlo.
Él: Pero yo quiero entenderlo.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque me gustas, eres mi amiga, te aprecio…
Ella: No hace falta que me entiendas. Siénteme.
Él: ¿Cómo?
Ella: Como al viento. Óyeme.
Él: Yo creía que entender era importante.
Ella: Quizás te equivocas.
Él: ¿Quizás?
Ella: Oye, yo no lo sé todo. Despierta.
Él: ¿Estoy dormido?
Ella: Eso parece.
Él: Entonces, ¿estoy soñando?
Ella: Sí.
Él anda hasta ella y se sienta a su lado. Ella vuelve a acurrucarse, rodeando sus rodillas con sus brazos.
Ella: Vaya, ya no te doy miedo.
Él: ¿Miedo?
Ella: Miedo, incomodidad… llámalo como quieras,
Él: Quizás me sigues dando miedo, quizás me estoy dando cuenta que me estoy haciendo viejo.
Ella: ¿Qué quieres decir?
Él: No lo sé, vino a mi mente.
Ella: Tocado y hundido.
Él: Oye. Si esto es un sueño, ¿despertaré mañana y tú ya no estarás?
Ella: Depende.
Él: ¿De qué?
Ella: De ti.
Él: Mírame.
Los dos se miran. Él acerca sus labios a los de ella. Se besan un instante y separan sus labios. Continúan hablando mirándose a los ojos.
Ella: Eso ha estado bien.
Él: Sí.
Ella: ¿Cómo sabías que yo también deseaba besarte?
Él: No lo sabía. No se trata de eso.
Ella: ¿Lo sentiste? Aprendes rápido.
Él: Bueno… No exactamente.
Ella: ¿Qué quieres decir?
Él: No lo sentí. Sólo me arriesgué. Pura suerte.
Ella: Vaya, aun te queda mucho que aprender.
Él: Con una profesora como tú, espero tener siempre algo nuevo que aprender.
Ella: Qué cursi, ¿no?
Él: Bueno, yo soy así. ¿Qué le vamos a hacer?
Se oyen unos trinos matinales de pájaros.
Ella: Escucha. Pájaros. Gorriones. ¿En la playa?
Él: No puedo escuchar.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque intento oír.
Ella: Cállate y dame un beso.
Él: ¿Sólo un beso?
Ella: Arriésgate.
Él: Pues vale.
Sus labios van a unirse, pero él se para y continúa hablando, más cerca de ella que antes.
Él: ¿Te he dicho que te quiero?
Ella: Calla, tonto.
Él: Pero, ¿y si me despierto?
Ella: ¿Qué más da?
Él: No quiero perderte.
Ella: No me perderás.
El: ¿Como lo sabes?
Ella: No lo sé, lo siento.
Él: Eres tan bonita…
Y ella lo besa apasionadamente